Hace muchos años, fuimos contratados para ser DJ para bodas en una población cercana a la CDMX, la boda estaba planeada para 300 invitados, recordamos que fue en una terraza estilo campestre, el día de la boda llegamos a montar nuestro equipo sin ninguna complicación, comenzaron a llegar los invitados y luego los Novios, hasta ahí una boda normal.

Los invitados seguían llegando y llegando, hasta que nos dimos cuenta que teníamos un sobre cupo, tanto así que el encargado del banquete colocó algunas mesas extras, inclusive sobre la pista de baile, estimamos que, de los 300 invitados originales, llegaron 350 personas.

Este sobre cupo provocó que la comida no alcanzara para todos, literalmente ese día hubo personas que solo comieron el primer tiempo y otras que no alcanzaron comida, esto comenzó a provocar conflictos entre meseros e invitados.

Cuando los ánimos ya estaban subiendo de tono, llegó la música al rescate.

Analizando la situación, platicamos con los Novios, decidimos que lo mejor era iniciar con el baile de inmediato, tanto así que no hubo primer baile de Novios, felizmente pudimos lograr un buen ambiente y todo se tranquilizó. Tuvimos pista llena durante toda la boda, es el poder de la música.

¿Qué pasó con la gente que no comió? Vimos que unos fueron por pizza, otros por pollo rostizado y así, una buena persona de entre los invitados nos llevó cemitas poblanas para que comiéramos algo.

Al finalizar la boda, la novia nos comentó: salvaron mi boda, ¡muchas gracias!, hasta la fecha cuando hemos tenido contacto con ella, nos repite las mismas palabras.

Esa boda tuvo un final feliz y una anécdota más que compartirles.

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#SinMúsicaNoHayFiesta
D.R. 2020

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