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Las personas que elegimos ser DJ sabemos que es algo permanente y nos enfrentamos a algo que nos es muy difícil evitar cuando nos invitan a una fiesta: acabar poniendo la música.

Fue en el año 2013 cuando una gran y querida amiga me invitó a su fiesta de cumpleaños, la cual era de disfraces, como ese sábado no tenía trabajo como DJ de eventos en la CDMX fui con mucho gusto, la fiesta fue en una casa grande en la colonia Narvarte.

La fiesta fue en el jardín posterior, el cual tenía un acceso por la cochera.

Todo transcurría normal hasta que detecté que otra amiga llevó un sistema portátil de audio, para música y karaoke, como pocos cantaban, poco a poco fui apoderándome de los controles del audio, con una computadora ajena que tenía acceso a internet. En esa ocasión no estaba mezclando así que iba programando canciones desde YouTube.

La fiesta poco a poco iba tomando ambiente y llegando mas invitados, hasta que llegó un momento que la cochera estaba algo llena con gente bailando. Noté que la canción estaba por terminar y mi genética de DJ me indicó que debía poner otra canción para que el ambiente no bajara.

Entonces, como el garaje estaba con los invitados bailando, decidí “tomar un atajo” por la cocina que era contigua al jardín, el problema es que no vi que alguien había cerrado el cancel de aluminio/cristal y lo rompí con la cabeza y cara.

Si bien la fiesta era de disfraces nunca me dijeron que era de terror, la cocina acabó llena de cristales rotos y de sangre, si bien no fue grave, si fue muy aparatosa la escena, terminé con varias cortadas en nariz y ceja y mi disfraz de los 70’s arruinado, por supuesto el susto de muchos de los invitados y de la festejada.

Una chica que no conocía muy amablemente me ayudó con las curaciones, el asunto no pasó a mayores. Al otro día fue al médico para revisión, quedaron algunas leves cicatrices las cuales considero como “heridas de batalla”.

La fiesta continuó con muchas risas por el incidente, la parte triste fue el lunes ir a tomar medidas para pagar el cancel roto, el descuido me costó poco menos de $3000. Cuando lo fueron a instalar comprobé que en realidad no se veía, ahí aprendí que siempre que soy DJ de eventos y hay canceles similares hay que ponerle cinta de precaución en una altura visible para evitar accidentes.

Hasta la fecha me he encontrado a la dueña de la casa y recordamos con risas el “incidente”, el cual sirvió para aprender que la seguridad en eventos es un tema muy importante a considerar y compartirles una anécdota más.

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#SinMúsicaNoHayFiesta
D.R. 2020

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